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10 de junio de 2008

La manoseada "Dignidad Humana"

Steven Pinker, profesor de Psicología en Harvard, publicó en The New Republic un artículo titulado "La estupidez de la dignidad humana".

En él, hace una defensa del anterior artículo de la bioeticista Ruth Macklin, publicado en el British Medical Journal, titulado "La dignidad es un concepto inútil". Aquí, Macklin enfatiza la inutilidad de las argumentaciones basadas en la dignidad humana cuando se habla de actuaciones médicas y biomédicas, porque la dignidad no es más útil ni relevante que el respeto de la autonomía de las personas.

Con este simple argumento, Macklin hace un llamado a la reflexión bioética, especialmente a los sectores vinculados al conservadurismo religioso, respecto a la inutilidad de la dignidad por carecer de unos contenidos identificables. Al no definir ni existir acuerdo -ni siquiera entre sus defensores- de qué es la dignidad y por qué debe defenderse, se elude peligrosamente el principio de autonomía de las personas.

Pinker, en su artículo, analiza punto por punto las argumentaciones de los conservadores religiosos, haciendo especial énfasis en el informe "Sobre la Dignidad Humana" escrito por el Consejo Presidencial de Bioética de EE.UU (grupo que trabaja para George W. Bush). Además de revisar los argumentos, va a las raíces conceptuales analizando quiénes son los componentes de este grupo, qué hacen y cuáles son sus adscripciones e intereses religiosos. ¿Para qué? para develar una trama de intereses, que él llama "teoconservadores", que buscan el establecimiento de un sólo concepto de dignidad, arbitrario y no representativo en el seno de una sociedad multicultural y plural. Una peligrosa maniobra que intenta imponer el concepto de "unos pocos" sobre toda la sociedad.

En el artículo nos advierte que el concepto de dignidad humana no sólo es inútil, sino que además es relativo, fungible y podría resultar dañino. Frente a él, vuelve a reivindicar la autonomía del paciente como un principio rector no sólo de las actuaciones biomédicas, sino como un valor básico de las sociedades democráticas actuales.

Leer artículo original en "The New Republic" (web, en inglés)

Fuente imagen: Honest

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